miércoles, 5 de septiembre de 2012

Constantino P. Kavafis



CUANTO PUEDAS

Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña



IDUS DE MARZO


Las grandezas teme, oh alma.
Y si vencer tus ambiciones
no puedes, con cautela y reservas
síguelas. Y cuanto más adelante vayas,
sé más observador, más cuidadoso.


Y cuando a tu apogeo llegues, César ya;
cuando tomes figura de hombre famoso,
entonces cuida especialmente al salir a la calle,
dominador insigne de séquito acompañado,
si acierta a acercarse, desde la multitud
algún Artemidoro, que lleva una carta,
y dice apresurado "Lee esto inmediatamente,
son cosas importantes que te interesan",
no dejes de detenerte; no dejes de postergar
cualquier conversación o tarea; no dejes de apartar
a las variadas personas que te saludan y se prosternan ante ti
(las puedes ver más tarde); que espere incluso
el Senado mismo, y conoce al instante
los graves escritos de Artemidoro.



NO COMPRENDISTE

De nuestras creencias religiosas el
necio Julián dijo: "Leí, comprendí,
condené". Como si nos hubiera anonadado
con su "condené", el muy ridículo.
Tales ocurrencias sin embargo no van con nosotros
los Cristianos. "Leíste, pero no comprendiste; pues si hubieras
comprendido,
no habrías condenado" respondimos de inmediato.



ESPERANDO A LOS BARBAROS

-¿Qué esperamos munidos en el ágora?

   Es que los bárbaros van a llegar hoy día.

-¿Por qué en el Senado tal inactividad?
¿Por qué los Senadores están sin legislar?

    Porque los bárbaros llegarán hoy día.
    ¿Qué leyes van a hacer ya los Senadores?
    Los bárbaros cuando lleguen legislarán.

– ¿Por qué nuestro emperador se levantó tan de mañana, y está sentado en la puerta mayor de la ciudad sobre el trono, solemne, portando la corona?

       Porque los bárbaros llegarán hoy día.
       Y el emperador espera recibir
       a su jefe. Y más aún ha preparado
       un pergamino para dárselo. Allí
       le escribió muchos títulos y nombres.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron
hoy con sus togas púrpuras, bordadas;
por qué se pusieron brazaletes con tantos amatistas,
y anillos con magnificas, brillantes esmeraldas;
por qué toman hoy día valiosísimos bastones
en plata y oro espléndidamente labrados?

     Porque los bárbaros llegarán hoy día
     y tales cosas deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué tampoco los valiosos oradores no acuden como siempre
a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?

     Porque los bárbaros llegarán hoy día;
     y los aburren las elocuencias y las arengas.

-¿Por qué comenzó de improviso esta inquietud
y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto.)
¿Por qué rápidamente se vacían las calles y las plazas
y todos regresan a sus casas pensativos?

     Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.
     Y unos vinieron desde las fronteras
     y dijeron que bárbaros ya no existen.

Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.
Los hombres esos eran una cierta solución.



MURALLAS

Sin consideración, sin piedad, sin recato
grandes y altas murallas en torno mío construyeron.

Y ahora estoy aquí y me desespero.
Otra cosa no pienso: mi espíritu devora este destino;

porque afuera muchas cosas tenía yo que hacer.
Ah cuando los muros construían cómo no estuve atento.

Pero nunca escuché ruido ni rumor de constructores.
Imperceptiblemente fuera del mundo me encerraron.



MAR DE LA MAÑANA

Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.

Aquí que me detenga. Y que me engañe como que veo esto
(lo vi en verdad un instante cuando recién me detuve);
y no también aquí mis fantasías,
mis recuerdos, las visiones de la voluptuosidad.



Constantino P. Kavafis
Cien poemas
Traducción del griego al castellano: Miguel Castillo Didier (chileno).


El poeta griego Constantino P. Kavafis nació, vivió y murió en
Alejandría, Egipto. Falleció el mismo día en que cumplía 70 años, el
29 de abril de 1933, en el hospital griego de su ciudad. Mientras
estuvo vivo publicaba sus poemas sueltos, en hojas casi
clandestinas. Su grandeza poética fue reconocida posteriormente a su muerte.

sábado, 1 de septiembre de 2012

        CATULO (Cayo Valerio)
I

¿A quién regalo mi ingenioso librito recién aparecido, pulido hace nada con la árida piedra pómez? A ti, Cornelio; pues tú solías considerar que de algún valor eran mis naderías, ya entonces, cuando te atreviste tú el único de los ítalos a desarrollar la historia toda en tres tomos sabios, ¡por Júpiter!, y trabajosos.

Por eso, acepta cualquier cosa que esto de librillo sea y lo que valga, que, ¡oh doncella protectora!, ojalá permanezca sin menoscabo más de un siglo.

IV

Esa barca que veis, huéspedes, presume de que fue la más rápida de las naves y de que el empuje de ningún navío sobre las ondas pudo dejarla atrás, bien se tratara de volar a remo o a vela. Y dice que esto no lo niegan la costa del amenazador Adriático o las islas Cícladas ni la famosa Rodas ni la espantosa Propóntide Tracia o el terrible golfo del Ponto, donde ésta, luego barca, fue antes melenudo bosque: pues, en la cumbre del Citoro a menudo silbó con su habladora cabellera.

Amastris del Ponto y Citoro que produces bojes, para ti esto fue y es conocidísimo -presume la barca-. Desde su más lejano origen dice que se asentó en tu cumbre, que empapó sus remos en tu superficie y de allí avanzó como dueña por tantas inmoderadas corrientes, ya el viento la empujara por izquierda o derecha, ya Júpiter hubiera soplado favorable sobre ambas escotas; y que, en su interés, no se hicieron votos a los dioses de la costa cuando volvía hace nada del mar a este cristalino lago.

Pero estas cosas ocurrieron antes; ahora, en oculta quietud, descansa vieja y se consagra a ti, gemelo Cástor, y al gemelo de Cástor.


XL

¿Qué mala idea, pobrecito Rávido, te lleva de cabeza contra mis yambos? ¿Qué dios no bien invocado por ti te lanza a provocar una discordia insensata? ¿Acaso para andar tú de boca en boca? ¿Qué quieres? ¿Deseas que te conozcan a toda costa? Lo serás, puesto que has pretendido querer a mis amores a pesar de un largo castigo.

XLII

Acercaos, endecasílabos, todos cuantos hay por todas partes, todos cuantos hay. Una desvergonzada adúltera me toma a broma y dice que no me devolverá nuestras tablillas, creyéndose que podéis aguantarlo. Vamos a perseguirla y a pedírselas con insistencia.

¿Preguntáis quién es? La que veis andar indecentemente, la que, como una actriz de mimos, con desfachatez se ríe, con una boca de cachorro galo.

Rodeadla y pedidle con insistencia: "Corrompida adúltera, devuélvenos los escritos. Devuélvenos los escritos, corrompida adúltera." ¿Qué te importa un bledo? ¡Ay, fango, lupanar, o algo más corrompido si puede haberlo! Pero no hay que confiar en que esto baste. Si no puede ser de otra manera, saquémosle los colores en su férrea cara de perro. Gritad a coro otra vez con voz más alta: "Corrompida adúltera, devuélvenos los escritos.
Devuélvenos los escritos, corrompida adúltera."

Pero, no hacemos ni un progreso, sigue como si tal cosa. Tenemos que cambiar el método y la forma, a ver si podéis progresar un poco: "Virtuosa y honrada, devuélvenos los escritos."

XXX

Olvidadizo Alfeno  y falso con tus compañeros queridísimos, ¿ya no te compadeces nada, insensible, de tu dulce amiguito? ¿Ya no dudas en abandonarme, en traicionarme, desleal?

Los actos perversos de los hombres mentirosos no gustan a los habitantes del cielo; y eso tú lo desprecias, y, ¡desdichado de mí!, me abandonas en medio de mis desgracias. ¡Ay! ¿Qué pueden hacer -dime- los hombres, o a quién pueden tenerle ley?

Y tú, injusto, bien que me exigías entregarte mi alma, arrastrándome a quererte, como si para mí todo estuviera asegurado. Ahora, de la misma manera, te retraes y dejas que todas tus palabras y tus actos se los lleven vanos los vientos y las nubes arrastradas por el aire. Si tú te has olvidado, en cambio, los dioses se acuerdan; se acuerda la Lealtad, que hará que de tu acto te arrepientas un día.

LX

¿Acaso una leona de los montes de Libia, o Escila, que ladra desde la parte más baja de sus ingles, te parió con tan dura y abominable alma como para que despreciaras los gritos de un suplicante en esta recentísima desgracia, ay, tú, de corazón demasiado cruel?

LXXIII

Deja de querer merecer nada de nadie o de creer que alguien puede resultar leal. Todo es ingratitud, nada aprovecha haber obrado buenamente; es más: incluso hastía y perjudica más. Así me pasa a mí, a quien nadie atormenta más dura y amargamente que el que hasta hace poco me tuvo como solo y único amigo.

LXXXV

Odio y amo. Por qué hago eso acaso preguntas.
 No sé, pero siento que ocurre y me atormento.


CXVI

A pesar de buscar una y otra vez para ti, con empeñado ánimo de cazador,
versos que poder enviarte del Batíada, con los que te ablandaras conmigo y no trataras de lanzar contra mi cabeza constantemente dardos hostiles, ahora veo que me tomé ese trabajo en vano, Gelio, y que desde ese momento no han servido mis ruegos. Por contra, evito esos dardos tuyos con el manto, pero tú, atravesado por los míos, llevarás tu castigo.




                           VIII

Desdichado Catulo, ¡que dejes de hacer tonterías
y lo que ves que se ha destruido lo consideres perdido!
Brillaron un día para ti radiantes los soles, cuando
acudías una y otra vez a donde tu niña te llevaba,
querida por mí cuanto no lo será ninguna.
Y allí tenían lugar entonces aquellos múltiples juegos
que tú querías y tu niña no dejaba de querer.
Brillaron, es verdad, para ti radiantes los soles.
Ahora ya ella no quiere: tú, como nada puedes hacer,
tampoco quieras, y a la que huye no la persigas,
ni vivas desdichado, sino resiste con tenaz empeño,
manténte firme. ¡Adiós, niña! Ya Catulo está firme,
y no te buscará ni te hará ruegos en contra de tu voluntad.
Pero tú te lamentarás cuando nadie te haga ruegos.
¡Criminal, ay de ti! ¿Qué vida te espera?
¿Quién se te acercará ahora? ¿A quién le parecerás bella?
¿A quién querrás ahora? ¿De quién se dirá que eres?
¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios?

Pero ¡tú, Catulo, resuelto, mantente firme!


Catulo
Catulli
Carmina
 traducción
Rosario González Galicia


2. Nonius Marcellus 134 M.
... de meo ligurrire libido est

2.
... es mi deseo saborear de lo mío


viernes, 10 de agosto de 2012


ESTELA GUERRA GARNICA. México, D.F.



Evocando a  Bécquer
¿Sentiste mi caricia de llovizna en el rostro?
Habrás visto al colibrí  bebiendo néctar de tus flores,
la taza vacía sobre la mesa, la sombra del fresno en la terraza
el pájaro de luz al despertarte. Era yo amor,  que a distancia
me empeñaba en encontrarte.


Cantos al vacío

Inútil el dolor como pisar tu sombra. 
Desolada estoy frente a tu cuerpo inerte.
Florecillas blancas brotarán sobre la tumba.

Tanto deseaba los frutos que dieron tus semillas
y no pude comerlos. 

Soy Mesías crucificado sin iglesia y sin madero
y doliente exclamo:

“¿Por qué me has abandonado?”

Arrancaste los sueños de tu pecho y del mío.
Tiempo atrás, mi sepulcro habías hurtado.

Hoy respiro el aire enrarecido de tu ausencia
y tal vez injusta grite:

“Caín, ¿qué hiciste de tu hermana?”

Tu amado cuerpo se abandona al polvo
¿Cuántos cantos al vacío repetirán tu nombre?




Gracias
Tuve la suerte de compartir la casita 411 (donde nos hospedaron durante el II Encuentro Nacional de Poetas, Atlixco, Puebla), con 6 hermosas mujeres poetas, entre ellas: Estela Guerra Garnica. La primera noche, cuando la conocí, una lágrima asomaba a cada palabra suya, de repente, detuvo la conversación, fue a su recamarita sin puerta y trajo con ella un libro de bolsillo y…·me lo regala! (esta poeta ignora que a mí me enloquecen los libros con ese formato, de inmediato quiero abrirlos) no sé qué gesto hice al dar las gracias, pero lo que sí recuerdo es que me despedí como si me estuvieran correteando. Ya en mi cama, a pesar del cansancio, (casi 9 horas de viaje de Agua Dulce, Veracruz hasta Metepec, Puebla), el título: Que no callen los poetas Memorias de la antífona, se convirtió en una tentación y ahí me tienen... insomne por él. Los compiladores son: Alma Estela Suárez Mendoza y Eduardo H. González, 13 voces poéticas fueron incluidas en esta memoria. El prólogo lo escribe la Maestra Dolores Castro, he aquí las palabras que dedica a nuestra querida amiga:
                                     “Estela Guerra Garnica contribuye a esta antología
con poemas sobre violencia y paz, con imágenes de gran fuerza expresiva. Es memorable el que titula Mejor la paz, tanto por la estructura como por el ritmo, la atmósfera y el tono del poema”. Dolores Castro.
Mariángel Gasca Posadas
Agua Dulce, Veracruz, agosto 2012



Sobre la autora

ESTELA GUERRA GARNICA
Villa de Temascalcingo, Estado de México, 1957. Profesora de Educación Tecnológica (ENaMaCTI), Licenciada en Sociología (UNAM) y Diplomada en Administración y Empresa Pública (Cide).


                                  Estela Guerra Garnica. Poeta. 
                                                   Foto: Cortesía de la autora.


  
PUBLICACIONES
En 1984 incursiona en la literatura publicando El vuelo del Arcoiris, Aventura Poética, Edición de la autora. 2006,  publicó Poemas de la Alta Noche, Linajes Editores, México, DF;  2008, publicó Niebla en el Camino; Cuentos y relatos urbanos. Editado por la UNAM; Como la luz al alba, Poemas, Ala de avispa Editores. 2010, Líneas en el Polvo y otros poemas, Editorial Arteria, México;  Días de Luna y Polvo, dictaminado  para su publicación por el Instituto Mexiquense de Cultura en 2010.   La adolescencia tras el muro, crónicas, Edic. de autor, 2011
De 1996 a la fecha ha publicado diversos poemas, crónicas y cuentos  en Revistas como Básica, Fundación SNTE, México, No. 19; Alforja, México; Oráculo, Año 2 Número 5, 2001 y Año 4 Número 13, 2003, La Pluma del Ganso, Arteria,  Amoxcalli,  y en diversas páginas electrónicas, como Casa del Pedernal No. 1; Palavreiros de Brasil; Poesía contra la violencia, México; Misioletras e Inventiva Social, entre otras.
Participó en Hasta agotar la existencia, antología poética, Editorial Resistencia, México y en la antología Mujeres Poetas en el país de las Nubes, Editorial La cuadrilla de la Langosta y el Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México, ambas publicadas en 2000. Asimismo, participó en Antología de Mujeres Poetas en el País de las Nubes (2001). En la Antología La Palabra y el Viento (2003). En Poesía de Raíces Mágicas (2004). Las tres editadas por el Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, Oaxaca.  En 2001 fue seleccionada en las publicaciones colectivas Mujeres sin Capullo y Letras Derramadas, 2001 y Poesía Erótica y Amatoria, 2001, ambas de Bianchi Editores, Montevideo Uruguay- Brasil. En 2003 fue seleccionada en la Agenda Erótica Femenina, Editorial Solar, México. En 2004 fue publicada en la tercera edición de Nueva Poesía Hispanoamericana, Lord Byron Ediciones Lima Perú. Participó en la Memoria del VII Encuentro Internacional de Poetas en Ciudad Juárez. Colección “Al filo del poema”, Chihuahua, 2004, y en la misma colección en 2006. Es  seleccionada en Nueva Poesía Mexicana, 2006 Lord Byron Editorial Perú; en Voces sin fronteras, ediciones Alondras, Montreal, 2006 y en Agendiario Mujer Gusto 2007 y Agendiario Mujer Olfato 2008, Agendiario Mujer Vista  2009, Mujer Amor Agendiario  2012 de Ciclos de vida, SA de CV, México.  Seleccionada en las publicaciones La mujer Rota en Guadalajara  y Al Filo del Gozo en Chiapas publicadas en 2009 y en 2010 en Alas de Lluvia, editorial Cofradía de Coyotes, SC, Estado de México, El banquete de la discordia, Colección de cuentos y relatos, Editorial Fridaura, Et. Al.
Seleccionada en Prometeo, muestra de poetas del siglo XXI, España.
Sus poemas: Como la luz al alba, Canto de Sirena, Llévate el Mar, Canción del Alba, ¿Qué es el mar? Han sido musicalizados por Óscar Cárdenas, Compositor y profesor de la Escuela Nacional de Música.
OTRAS PUBLICACIONES
Sidena, S. A.” Estudio de Caso No. 8  Coautora: Dra. Marcela  Torres. CIDE, 1984
“El Caso del Sistema Desconcentrado de Pagos de la Sep”. Estudio de Caso No. 12. Coautores: Dr. José Mejía y Dra. Marcela Torres. CIDE, 1985
“Las Propuestas y Políticas de la Actual Administración para la Modernización del Municipio” Documento de Trabajo. CIDE, 1991
ReseñaEvolución y Cambio en la Administración Pública. Del Administrador al Gerente Público”. Autor: Enrique Cabrero Mendoza, INAP, 1991, 198pp.  Publicada en la Revista Gestión y Política Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas, A. C. Vol. II, núm. 1, México, enero-junio de 1993